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Diario El Tiempo

Una página oscura

Bogotá, 5 de abril de 2010

 

 

El 27 de agosto del 2007 fue capturado, en el aeropuerto de Domodedovo en Moscú, Yair Klein por las autoridades rusas con colaboración de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) por solicitud de las autoridades de Colombia. Klein fue condenado, junto con otros dos mercenarios de su misma nacionalidad (Melnik Ferry y Tzedaka Abraham), por un juez penal a pagar una condena de 10 años y 8 meses por entrenamiento de grupos terroristas y concierto para delinquir, la cual fue ratificada en segunda instancia por el Tribunal Superior de Manizales en el año 2001. Es decir, la condena se realizó con plena garantía de los derechos procesales de los inculpados.

 

Sin embargo, los esfuerzos del Gobierno Nacional, con apoyo de las autoridades rusas, para obligar a Klein a pagar su pena de prisión en Colombia se están viendo frustrados, pues, según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, dada la precariedad de nuestro sistema carcelario, existen altos riesgos de tortura para el mercenario israelí. Con base en estos argumentos, la mayoría del tribunal (5 contra 2) le hizo saber esta semana a Rusia que la extradición de Klein constituía una violación de los derechos humanos. ¿Sería que el Tribunal de Estrasburgo confundió la cárcel de Cómbita con la base de Guantánamo? ¿O con las múltiples cárceles clandestinas que se han utilizado en territorio europeo para ocultar detenidos acusados de pertenecer a Al Qaeda? Lo cierto es que este fallo es escandaloso por varios motivos.

 

Primero, es un reflejo de los "dobles estándares" que dominan un mundo con poderes asimétricos. Mientras se le exige a Colombia disminuir los índices de impunidad y garantizar los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación, el Tribunal de Estrasburgo prefiere proteger a este criminal (frente a imaginarios riesgos de tortura) en detrimento de los derechos de las víctimas.

 

Segundo, refleja un desprecio hacia la aplicación de justicia. Simple y llanamente, con este fallo, Klein, cuyos métodos y alumnos han producido miles y miles de víctimas no sólo en Colombia sino en otras naciones (por ejemplo, en Sierra Leona, en donde ya pagó 18 meses de prisión), podría quedar en libertad y regresar a Israel. Es indignante que un tribunal de derechos humanos se convierta en una fuente de impunidad.

 

Tercero, es ofensivo que el Tribunal de Estrasburgo no coadyuve a extirpar una de las principales fuentes de violencia e impunidad en el mundo, como son los mercenarios internacionales, ya estén al servicio de empresas privadas o de grupos terroristas. Los tres irlandeses miembros del Ira que estuvieron en la zona de distensión adiestrando a las Farc en explosivos y que evadieron la justicia colombiana, viven sin problema alguno en Irlanda del Norte protegidos por el gobierno de Gran Bretaña. Los mercenarios de Eta que adiestraron a miembros de las Farc en campamentos localizados en Venezuela son objeto de una tibia exigencia de extradición por parte del gobierno español.

 

La decisión del Tribunal de Estrasburgo va, de otra parte, en abierta contravía de las tendencias mundiales hacia el fin de la impunidad con respecto a crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, que son, ni más ni menos, los que se le imputan a Klein. Es decir, va en contravía del Tratado de Roma y de la Corte Penal Internacional de La Haya, que ya suscribieron todos los países europeos.

 

Hace pocos meses se llevó a cabo la versión libre de un sobrino del jefe de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio, Ramón Isaza ('El viejo'), igualmente miembro de las Auc y con una amplia trayectoria criminal: Yair Klein Mazo ('Melchor'), bautizado así en honor al mercenario israelí. Sangre, dolor y lágrimas fue la herencia que nos dejó Klein en Colombia.

 

Por ello, nos debemos movilizar masivamente mediante cartas, páginas en Facebook o cualquier otro medio para exigir la extradición de este criminal. No más impunidad.

 

Eduardo Pizarro Leongómez

 

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